Mala praxis = Mala fama. Cuando la elección como letrado es huir hacia delante

Hace poco me sentaba con un cliente y analizaba la demanda que había recibido. A primera vista parecía que había serios problemas de fundamentación de la misma, ya que había una clara falta de legitimación pasiva y una manifiesta falta de acreditación de

Fecha publicación: 10/05/2017

Partiendo de ello y acertádamente, el cliente que es un empresario con visión, creyó oportuno comentar con la otra parte el error en el que había incurrido al interponer la demanda, y le brindó, en aras a mantener la relación comercial, llegar a un acuerdo por el que terminar con el proceso sin costes para nadie. 

Pues bien, el demandante se reunió con su abogado, y éste, en lugar de reconocer los errores de la demanda (palmarios y manifiestos) y de pensar en los intereses de su cliente, pensó en los de su despacho, y claro está, negó la existencia de dichos errores y afirmó que todo estaba bien planteado y que se iba a ganar el pleito. Actuar en sentido contrario supondría quizás la pérdida de facturación o del cliente, imagino que pensó el letrado. 

Tras eso, como no podía ser de otra manera, continuó el proceso. Aún estamos pendientes de sentencia, y el Juez dirá lo que sea, pero desde mi punto de vista, no hay forma posible de defender esos errores, y el Fallo, entiendo que será el previsible. Lo iré contando. 

La lección que saco de esto es que a veces tenemos una mala fama ganada, y que en lugar de ser leales y reconocer errores al principio, se opta por huir hacia delante, para luego, con la derrota, decir que la culpa es del Juez. Como cuando eramos niños, y los suspensos no eran cosa de nuestra falta de dedicación y estudio, sino de la manía que nos tenía el profesor.