La Segunda Oportunidad: una alternativa para empezar de nuevo

La Segunda Oportunidad: una alternativa para empezar de nuevo

Fecha publicación: 10/05/2017

No paro de leer artículos y comentarios sobre el escaso número de personas que se han acogido a la Ley de Segunda Oportunidad, todo ello justificado supuestamente en que la Ley es poco eficaz y de difícil aplicación. No estoy para nada de acuerdo.

Creo que es un mecanismo innovador ya que, por fin, la Ley de Segunda Oportunidad aporta una herramienta a las personas físicas o familias para "comenzar de nuevo" cuando la crisis les ha atropellado, máxime cuando durante años hemos estado solicitando al legislador una reforma para dotar a las personas de un tratamiento legal diferente al de las empresas en los casos de insolvencia. Este ha sido el primer paso. Ahora bien, dicho esto, también es preciso explicar que la Ley podría ser mejorable, pero como digo es un primer paso. 

No quiero entrar en tecnicismos ni en remisiones legales para explicar en qué consiste esta Ley ya que la vocación de este post es explicar de un modo sencillo el motivo, la finalidad y el procedimiento de la Segunda Oportunidad.

Pues bien, el motivo esencial por el que nace esta reforma legal es por aceptar, de una vez por todas, que hay innumerables familias cuyas deudas son desproporcionalmente superiores a su patrimonio, esto es, que tienen mucho menos de lo que deben, lo que provocaba la imposibilidad de pagar las deudas y la instauración de embargos eternos sobre nóminas, cuentas corrientes y otros bienes. Lo que produce la insatisfacción del acreedor y aboca al deudor a vivir al margen del sistema económico.

Asimismo, todas las leyes contables exigen a los acreedores la dotación y reconocimiento de la incobrabilidad de sus créditos, por lo que por más que haya sentencias que reconocen las deudas, si el deudor no tiene para pagar, su contabilidad debe asumir esa pérdida. Dicho de otro modo los acreedores, contablemente, ya asumieron que la deuda era incobrable.

Por todo ello la finalidad del proceso es doble, primero, purgar de los balances contables la falsa ilusión de que se puede o se va a cobrar, y la segunda, permitir a las familias volver a ser parte legal del sistema económico.

Para ello, la Ley prevé dos fases. En la primera el deudor va a intentar un acuerdo extrajudicial, global y simultáneo con todos los acreedores, en el que propone quitas y esperas realistas con su situación económica para el pago total de la deuda, véase pagar el 20 por 100 en 10 años, etc. En el caso de que los acreedores de forma mayoritaria acepten esta propuesta se novarán todas las deudas y se pagará en los plazos y cantidades del acuerdo.

La segunda fase sólo tiene lugar cuando fracasa la primera, esto es, cuando los acreedores rechazan el plan de pagos propuesto. En tal caso se produce la declaración en Concurso de Acreedores, que entra directamente en fase de liquidación. Y esta fase consiste, simple y llanamente, en proceder a la venta de todos los bienes del deudor (vivienda, coche, etc., salvo ajuar). Una vez así, lo obtenido de la venta de los bienes se destinará a pagar parcialmente las deudas (dé para lo que dé) y tras ello se declarará la exoneración del resto de las deudas que afecten al deudor (salvo deudas con Hacienda, Seguridad Social…). Es decir el deudor ya no tendrá nada y no deberá nada, pudiendo empezar de cero. Asimismo se alzarán los embargos que puedan existir sobre la nomina del deudor y ésta se le entregará completa sin retenciones para destinarlo a comenzar de nuevo.

En algunos juzgados se está analizando la posibilidad de dejar la vivienda habitual del deudor protegida y al margen de la liquidación pero aún es una cuestión controvertida.

Para acogerse a esta Ley básicamente se exige no haber cometido delitos contra la Hacienda Pública, Seguridad Social o acreedores y tener deudas menores a 5 millones de euros.

Para más información ruego no dudéis en contactarnos.